La lucha por la liberación de todos los animales
Combatir la explotación de los animales implica ir contra un patriarcado que tiene que medirse y probarse continuamente violentando a otros seres vivos.
Vanesa Contreras Capó
10/15/20252 min leer


La lucha por la liberación de todos los animales
Hoy, lunes, 24 de abril, se conmemora el Día por la liberación de los animales secuestrados en laboratorios para la experimentación. Esta fecha fue impulsada por la Asociación Internacional contra los Experimentos Dolorosos en Animales (AIAAPEA) y se aprobó en 1979. Ese año mismo también se fundó la Asociación de Médicos Contra la Experimentación Animal en Alemania.
Si repasamos un poco de historia, el movimiento de protección de los animales cobró fuerza el 23 de septiembre de 1977, cuando se aprobó la Declaración Universal por los Derechos del Animal propuesta por la Liga Internacional de los Derechos del Animal. Un año después, la misma fue suscrita por la UNESCO y por la ONU.
En la referida declaración se estipula que las muertes de un gran número de animales, como ocurre en nuestras granjas industriales, es un genocidio. Además, establece que todo acto que implique la muerte de un animal se considera un biocidio. Lo alarmante de toda esta información es que parecería que ninguna de estas leyes existe porque gran parte de nuestras vidas está relacionada, de forma directa o indirecta, con el maltrato, la explotación, la tortura y la muerte de una inmensa cantidad de especies de animales.
Se calcula que alrededor de cien millones de ratas y ratones sufren todo tipo de daños, desde psicológicos hasta físicos, durante experimentos en laboratorios de Estados Unidos. El número es uno de los más altos porque estos animales, cuyo sistema nervioso es bien parecido al de los humanos, no están protegidos por ninguna ley de protección de animales. Las pocas leyes que existen para otras especies, aunque ayudan a reducir el número de víctimas, no evitan que sigan usándose para experimentos.
Más de cien millones de animales vertebrados (simios, gatos, perros, peces, vacas, ovejas, reptiles, pájaros, entre otros) son torturados para propósitos “investigativos” en el mundo. Los experimentos no solo se hacen en laboratorios con fines científicos, también se realizan para propósitos militares. En Estados Unidos se mutilan a más de 10,000 animales vivos en entrenamientos militares.
Nos educan para pensar que los seres humanos tenemos el derecho de usar y abusar del resto de los seres vivos a nuestra conveniencia porque “la razón” es la que nos hace superiores al resto. El argumento, sin embargo, se sigue desvaneciendo con las nuevas investigaciones en torno a la capacidad cognitiva de los animales. No obstante, seguir impulsando el absurdo binomio hombre/animal impide cualquier tipo de interacción con otras especies, más allá de los animales domésticos. Luchar en contra de la explotación de los animales es ir contra un sistema político y económico que nos aísla cada vez más de nuestro ambiente y nos enseña a vernos como seres superiores frente a las otras especies. Al mismo tiempo, implica combatir un patriarcado que tiene que medirse y probarse continuamente violentando a otros seres vivos. Además, supone reconocer que, al igual que con el racismo y el machismo, nos toca mirarnos hacia adentro para reconocer que también hay un privilegio de especie que debemos señalar y eliminar.
